domingo, 25 de enero de 2009

Querer cambiar el mundo..


HOy es un día atípico,
me siento un pato qe está cayendo..
La verdad que me dí cuenta que querer cambiar yo misma, o querer cambiar al mundo, como yo digo no me ha sido nada fácil.
Hace un año, yo estaba llena de amistades... hace dos años, tenía aún más. Pero hoy me di cuenta qeu no ser tan buena persona en algún momento de mi vida me está demostrando como concluye una persona así.
He espantado amigos/as que valían la pena.. y algunas personas que realmente no valían nada. Pero las qeu más me duelen son aquellas a quieres quise realmente y ya no están.
El egoísmo, la soberbia... la falta de caridad no me han llevado a nada.
Quise cambiarlo, revertir la situación pero no siento las fuerzas suficientes para poder pedir perdón para poder acercarme a aquellas personas que marcaron tan profundo en mi ser.
Yo sé que uno se puede equivocar. Pero qué pasa cuando ya agotaste todas las oportunidades? cuando te das cuenta que desaprovechaste millones de oportunidades? Cómo se sigue después de eso?
Por mucho tiempo renegué de compañías, amigos, compañeros que hoy realemente necesito y ya no están. Esas personas que pase lo que pase, estaban para mí.
Mucha gente pasó por mi vida, y los menosprecié. Tengo miedo de no poder volver a vivir esas charlas con mates de por medio sólo porque en algún momento, por X circunstancias, que siempre (y ahora lo entiendo) fueron culpa mía. De una u otra forma, he conspirado en mi propio derrumbe.
Creo que ahora ya no queda más que pedir perdón y afrontar con la cabeza bien en alto lo que cada uno tenga para decirme.
Espero que mi vivencia les sirva para no cometer el mismo error.. sepan que no es lindo sentirse sólo, aún teniendo gente cerca qe nos haga compañía.
Los quiero mucho, y si sos una persona a quien hice daño, pido mil disculpas.
Por siempre suya,
BUkI ▬

sábado, 24 de enero de 2009

Te cUenTO mi CuEnto (Hora CuaRta de LA NoVeLa)

Ahora sé que es el remordimiento el que se hace presente en el momento más (o menos) indicado, pero que está invitándome a pedir perdón.

-No puedo creer que me convertí en un pato. Recuerdo el momento en el que volé y realmente fui feliz. Mi recuerdo es en blanco y negro, aunque tengo muy en claro que lo viví en colores. Sé que debo callar lo vivido porque nadie me creería- Pienso en la habitación de este lujoso hospital de algún lugar.
Creo conocer este sitio, pero aún no logro discernir entre lo que vivo y creo haber vivido.
Realmente odio sentir esto.
El sudor frío corre por mis manos, el ruido del pasillo parece hacerse cada vez más fuerte, un sonido extraño que a cada instante repite “pi” me está volviendo loca. Mis oídos parecen explotar ante tal bullicio, ante cada “pi”, ante cada pregunta, ante cada respuesta. Me gustaría gritarles que se callen. Pero por más que lo hago nadie parece escucharme. Vuelvo a gritar -¡¡Callensé!!-, no obtengo respuesta alguna. Siento un taladro que se adentra en el interior de mi cabeza, un zumbido constante que me hace delirar del dolor. Quiero que el silencio cese pero a nadie parece importarle lo que me sucede, soy tan poca cosa ante semejante ruido.
Ahora está entrando una enfermera a la habitación, se está acercando a mí. Está estirando su brazo derecho hacia mi cuello, ¡va a tocarme!... su mano se acerca… me va a golpear (le grito pero no me escucha) de repente veo que su mano me traspasa y acomoda el cubrecama por debajo de la almohada para que quede bien tendida la cama. Me acabo de dar cuenta que estoy flotando sobre la cama. -¿Soy un fantasma?- me pregunto entre gritos y fuertes palpitaciones.
Trato de no pensar y de esperar a ver que pasa. La enfermera le deja un plato con zapallo hervido y un vaso con agua a mi nuevo compañero de habitación y se va. Mi compañero es un anciano de unos ochenta años. Me hace acordar a mi vecino Juan Carlos Amado, un anciano de muy mal genio cuya mayor preocupación es que mi televisor se apague a las diez de la noche porque sostiene que se escucha el sonido tras las paredes. Recuerdo una vez que me pidió que apague la radio de muy mala gana y yo le subí el volumen al máximo. Desde ese día hasta el día de hoy le he hecho la vida imposible.
Hoy me gustaría poder estar ahí para pedirle perdón por mis actitudes. Pero tengo miedo de no poder revertir mi situación actual y quedar en este estado por siempre.
De pronto la habitación se quedó a oscuras. Estoy viendo una pequeña luz que va y viene, sube y baja… parece que me quiere marear y de hecho lo está logrando. El dolor de mi cabeza está cesando, aunque ahora siento que el cuerpo se me duerme, los ojos se caen, la boca se abre y la saliva no puede mantenerse dentro de mi boca, me estoy mojando. La pequeña luz desapareció. Esta todo negro. No puedo hallar la solución a lo que vivo y la imagen de mi vecino se me representa a cada instante de manera cada vez más descontrolada, las lágrimas caen solas desde mis ojos y estoy comenzando a sentir algo que no puedo explicar. Una voz que no sé de donde sale me está diciendo que eso se llama remordimiento, y que no es mas que una sensación que no estoy acostumbrada asentir. Siento como la electricidad corre por mi cuerpo, como los shocks me duelen más y me despiertan los miembros de mi demacrado cuerpo. Veo luz, mis ojos atinan a cerrarse por tanta claridad.
-La recuperamos, tiene pulso- escucho.
Nuevamente los “pi” que antes me aturdían se hacen presentes para hacerse eco de que realmente estoy viva. Con mis ojos cerrados me dispongo a descansar tranquilamente sabiendo que ni bien salga de aquí, iré a disculparme con Juan Carlos. Ahora sé que es el remordimiento el que se hace presente en el momento más (o menos) indicado, pero que está invitándome a pedir perdón.

miércoles, 14 de enero de 2009

La Cara del mal...


Por qué hay personas malas?? qué es la maldad?
A veces, ser malo no implica pegarle un pisotón a otro para qe le duela.
Hay personas que discfrutan engañando a otras por sentir placer o una satisfacción personal que es muy dificil de entender.
A veces siento que hay personas que viven por y para la maldad, cuando nos mienten, cuando nos hieren con una palabra... cuando nos hacen sentir mal ya están cometiendo un acto de maldad.. es acaso eso lo que queremos mantener cerca de nuestras vidas???
Por qué cuando más mal nos hacen más nos encaprichamos sintiendo que podemos cambiar a esa eprsona...??? Tan tontos podemos ser??
La maldad se esconde tras una risita sincera, tras palabras que prometen la vida... tras canciones que hacen piantar un lagrimón aún al más fuerte... pero nadie se pone a pensar que todo eso no es más que circo???
La gente mala disfruta de vernos llorar (aún llorando a la par nuestra en nuestro hombro!).
Te hacen creer que te comprenden... que están para apoyarte... y sólamente están para seguir haciendo daño..
¿Qué queremos para nuestra vida? ¿con quién nos queremos juntar?... es razonable dejarse ningunear por alguien que nos quiere ver destruidos..???
Gente... VALOREMONOS!!! la gente que te hace mal una vez adrede, lo hace doy y tres.... y las que quiera... no lo permitamos! (una cosa es el despistado que hace mal sin querer, como nos puede pasar a cualquiera de meter la pata; y otra es el "mala gente" que te quiere hacer mal!)
ES HORA DE PENSAR EN LO QUE REALMENTE IMPORTA
Por siempre suya,
Buki ®

martes, 13 de enero de 2009

2009


Que añito que nos espera!!
Bueno, no sé... les escribo para pedir disculpas pro haber mandado la Introduccion de la novela luego de la tercera hora.. se me paso y no se como variar el orden asi que quedará ahí!! jajaja...

Les mando un besote y espero q este año sea mejor que el que dejamos atrás!!
EMPECEMOS ESTE AÑO CON UNA SONRISA COMO LA MIA!!!

Los quiero mucho y por siempre suya...

BuKi ┼

Te Cuento Mi Cuento (INTRODUCCION- esto es lo primero, pero me olvide de pasarlo! asi que aca va!)

-¡No te aguanto más!- grité, y luego de un fuerte portazo caí.


“Al fin en casa”, pienso al cabo de una hora y media de caminata por las lúgubres calles de la ciudad en la noche.
Entro a mi habitación, está un poco desordenada, me saco la campera y la dejo sobre la silla de la cómoda. La cama esta deshecha y los almohadones tirados por doquier.
Son las tres y media de la madrugada y hace frío, estamos en mayo. No tengo ganas de ordenar, me voy a dormir.
“Otro días más y respiro”, me digo para mi misma a las siete de la treinta cuando el despertador acaba de sonar. Realizo mi rutina matutina y me dirijo a la oficina (soy gerente bancaria).
Encontrar un taxi a esta hora de la mañana me resulta traumático. Ahí viene uno...
-¡Taxi!- grito con todas mis fuerzas hasta sentir arder mi garganta una y otra vez. El taxi no se detiene.
-¡Taxi!- le grito a un segundo coche que pasa, la carraspera de mi garganta ya se hace notar, pero este auto se detuvo.
Me estoy subiendo al coche, es amarillo y negro como cualquier taxi de Buenos Aires. Está un poco sucio pero no le doy importancia, trato de no apoyarme del todo en el asiento. Miro al taxista y pienso que el auto así y todo, podría estar más limpio que él. No puedo creer que un hombre así preste un servicio de tal magnitud. El hombre no parece ser demasiado alto, pero sí puedo denotar debido al grosor de sus brazos y de su cuello, que es una persona un tanto obesa. No quiero mirarlo mucho, trato de evitar que piense que me interesa. Es morocho. Ya le dije hacia donde quiero ir, pero me lleva por un camino que desconozco.
-Señor-, le digo, -es para el otro lado.
Me mira y se sonríe. Ahora su mano está adentrándose en su rosado bolsillo del pantalón. No entiendo qué pasa, siento que mi cuerpo comienza a transpirar. Miro el reloj y descubro que estoy atrasada, lo miro nuevamente y las agujas no se mueven. De repente el segundero cambia de posición. ¿Mi reloj anda mal o el tiempo está detenido? Tengo miedo, no se lo quiero demostrar. Vuelvo mi mirada hacia la mano que se encuentra en su bolsillo, está sacando algo. Siento que mi cabeza me pesa y que en cualquier momento me voy a desmayar. Rezo porque lo que estoy viviendo sea un mal sueño, pero lo dudo. Bajo el vidrio de la ventanilla del coche para tomar aire. Siento cómo el color debe volver a mis mejillas, pero aún sigo sin saber dónde estoy y hacia dónde voy.
Su mano sigue en el bolsillo, ahora puedo ver que saca algo negro y un tanto brilloso. Se me está nublando la vista y no consigo ver qué es. Temo porque sea un arma. Se voltea hacia mí y vuelve a sonreír. Me siento desvanecer, le estoy pidiendo que detenga el coche aun sin saber que tiene en su mano. Agarro la cartera, la estoy abriendo para pagarle, mi corazón no para de bombear, cada vez con más fuerza, siento como que se me estuviera por salir. No le pregunto cuánto le debo, siento que estuve una eternidad arriba del auto. Le alcanzo un billete de cincuenta pesos con mi mano temblorosa. No quiero vuelto. Como puedo y con las pocas fuerzas que tengo estiro la manija de la puerta del taxi para abrirla y salir de allí. Mis pocas fuerzas son escasas y el taxista se dio cuenta, pasa su mano por detrás del asiento delantero que está a su derecha. No sé qué hacer, quiero gritar y no me sale la voz, una de sus manos no tiene nada, pero la otra sí… esa cosa negra. Quiero llorar pero no me salen las lágrimas, me falta el aire y la taquicardia se hace más notoria. Me siento cada vez peor, no sé donde ni con quién estoy. Me recuesto sobre la puerta, ya no me interesa que esté sucia. Al fin se abre. Medio mareada y como puedo logro bajarme. El taxista se ríe.
-¡No te aguanto más!- grité, y luego de un fuerte portazo caí.

Te CuenTo Mi CueNtO (HoRa TerCera de LA NoeVela)

Ahora estoy a punto de padecer una muerte lenta y dolorosa.


Estoy volando, y es una sensación hermosa. Mis alas desplegadas son enormes, mis plumas son tan blancas como la blancura misma y mi pico es de una belleza utópica. Soy un pato precioso.
Estoy volando sobre una laguna, desciendo calmadamente. Mis patas tocan el agua, ahora lo hace mi cuerpo, bebo del agua. No siento que el agua me moje, ni su temperatura. Es agradable.
Con mi pico alcanzo todo tipo de insectos. A medida que despego, veo salir a miles y cientos más patos de entre las totoras. Bebo el último sorbo de agua y ya estoy en condiciones de seguir mi camino, mi viaje sin rumbo. Trato de seguir mi instinto, mis patas se mueven con velocidad y ¡Sí!, ¡Estoy despegando! De a poco me elevo y vuelvo a sentir la brisa entre mis plumas.
Estoy perpleja ante la vista que tengo a mi alrededor para disfrutar. Los campos están verdes, los molinos giran. De las chimeneas sale ese humo tan peculiar y que tanto me recuerda a la cocina a leña de la casa de Doña Fernanda. Recuerdo la llegada de toda la familia, la reunión en torno a al calor de ese hogar en la esquina del comedor de piso de ladrillos. La carretilla roja cargada de leña a un costado de la galería. Los mates y los buñuelos. Los gritos… ¡cómo los extraño!. Ya no sé nada de ellos, no sé si viven siquiera los más ancianos. Desde que me fue de mi casa buscando un futuro mejor fui perdiendo el contacto.
Mientras pienso no dejo de mover mis hermosas alas. Me pregunto si mi nuevo sueño no será acaso, volver a verlos, buscarlos en el campo, saber cómo están.
Inmediatamente, y si saber cómo ni por qué, viro hacia el este y emprendo mi viaje en busca de mi nuevo sueño. Estoy sobrevolando una laguna, pero no tengo ganas de parar, sigo viaje. Aleteo con más fuerza, no estoy cansada. Estoy pasando por un descampado enorme. No veo a nadie, así que no corro riesgos.
De pronto, ¡Algo acaba de golpear mi ala izquierda!, ¡no puedo planear!, me estoy cayendo en círculos. Mi temor aumenta. Quiero pedir ayuda, pero ignoré a los otros patos del camino y tomamos distintas direcciones. De mi pico sólo salen unos cuantos “cuaks”, pero no puedo hacer nada más. Estoy sola cayendo desde una altura tremenda. Resignada dejo de luchar, caigo a más velocidad y sigo sin ejercer fuerza alguna. A veces el no arriesgarse es el peor riesgo.
Ahora estoy a punto de padecer una muerte lenta y dolorosa.

Te CueNto Mi CuEnTo (Hora SegUnDa de La NoveLa)

Sé que mientras pierdo el conocimiento pienso en algo, pero no logro descubrir en qué.


Estoy mareada, no paro de dar vueltas, mi último recuerdo es el abrazo con mi madre. Mi estómago está más revuelto que mis pensamientos. Hay luz, pero tanta velocidad no me permite distinguir donde me encuentro. Estoy sentada. De a poco la velocidad disminuye. Me doy cuenta que estoy sentada en una calesita de plaza con muchos colores. Miro a mi alrededor, no veo más que cortinas de agua que se despliegan en torno a mí. Tengo calor.
Este lugar se empieza a llenar de agua, toca la planta de mis pies (me gusta). Ya va por mis tobillos, (el agua no llegará por sobre mi, ¿no?) me resulta sumamente tranquilizante ver las gotas caer, trato de no pensar. Al mirar a mi derecha observo que al reflejarse con el sol se crea un hermoso arcoíris. Ya está por sobre mis rodillas, no quiero ponerme nerviosa. En lo más profundo de mi ser, sé que no puedo ahogarme.
En un abrir y cerrar de ojos el agua traspasa mi cadera. Estoy dudando acerca de mi futuro en este lugar, el sudor de mis manos se mezcla con las gotas. Miro hacia arriba, hay grandes nubarrones de color grisáceo. Refucila. El sol se tapó y el arcoíris desapareció. La cristalina agua de las cortinas se convirtió en un líquido espeso cuya pureza pasó a menor plano. Tengo sed, mucha sed. Ahora me arrepiento de no haber bebido el agua unos instantes antes.
Por dentro siento que las paredes de mis venas, que mis músculos, lo más profundo de mis tejidos crujen. Siento descascararme por dentro. El agua llega a mi cuello. Algo toca mis rodillas. ¡Quiero gritar, mas no puedo!. En caso de hacerlo corro riesgos de que ese líquido viscoso inunde mi boca, pase por mi garganta y clame mi sed.
No sé de qué está hecho, su color es casi negro, y está llegando a mi nariz. Creo que moriré. Hago acopio de fuerzas, cierro los ojos, abro la boca (dejo entrar una pequeña cantidad del líquido, pasa por mis dientes, paladar y lengua para concluir en mi garganta. Es refrescante y su sabor no es en absoluto, desagradable (es dulce). El líquido ya llega a mi entre ceja. Intento nadar para poder respirar, continúo bebiendo, me siento mucho mejor ahora. Empieza a llover, pero el agua no moja, no limpia. El viscoso líquido se mantiene impregnado en mi ropa y en mi piel, ese algo que hoy toco mi rodilla ahora toca mi tobillo, se aferra a mí y logro entrar enteramente en pánico.
Intento soltarme pero no puedo. Estoy luchando, siento que me veo desde afuera, que veo en cámara lenta la manera en que me hundo. Mantengo la respiración, pero mi baja resistencia pulmonar no me permite mantenerme consiente por mucho tiempo.

Sé que mientras pierdo el conocimiento pienso en algo, pero no puedo descubrir en qué.