Me levanto del piso, corro hacia mi madre y la abrazo. Fue todo tan real.
Me despierto al caerme de la cama. De pronto siento un frío estremecedor que me lleva por límites insospechados de la locura. Vuelvo a acostarme. Miro a mi alrededor desde donde me encuentro, sólo puedo captar una serie de sombras que se comienzan a abalanzar sobre mí. Temo. Grito. De pronto la puerta de la habitación se comienza a abrir, veo a una regordeta anciana que me sonríe dulcemente. Tal vez por ver mi cara de susto y las lágrimas que corren por los surcos de mi rostro. Me estoy empezando a sentir avergonzada, no sé qué decir. En un intento de habla la anciana se acerca a mí. Apoya su dedo índice sobre mis labios haciéndome callar.
-No te preocupes muchachita, quién no se ha caído de la cama alguna vez, me pregunta como si lo supiera-. Sonrío, estoy confundida. Mi corazón late pero no traspiro. La mujer irradia paz. La temperatura ahora es agradable pero no puedo disimular mi temor, los pelos de los brazos se me erizan y siento escalofríos.
La anciana ahora está dejando una tasa de café sobre la mesita de luz, se va. No sé si probarlo. Lo hago. Está fuerte, como hace años no lo tomo. Estoy bebiendo un segundo sorbo cuando reacciono que hay una mesita de luz en mi habitación, que resulta no ser mi habitación… yo nunca tuve mesita de luz. Las cosas carecen cada vez más de sentido. Miro a mi alrededor, hay fotos viejas donde aparezco abrazada a la anciana. ¿Quién es y dónde estoy?
Quiero salir de la cama pero no puedo. Es como si estuviera atrapada entre las sábanas. Me quedo. Vuelvo a gritar y la mujer acude en mi ayuda.
-¿Quién es usted y dónde estoy?- pregunto algo histérica.
-María querida, ¿cómo que quién soy?- me responde con luz en su mirada y paz en su voz. Ahora descubro lo que realmente está ocurriendo, esto debe ser un sueño. Me voy a dormir de nuevo, así cuando despierto estoy en mi casa.
… (Duermo)…
-¡Qué lindo que te despertaste!, no veía la hora de que volvamos a estar juntas las tres-. Me dijo la anciana que al despertar yo se encontraba a mi lado. Ahora sí estoy atónita, perpleja ante la situación.
Así pasaron tres semanas donde cada día era exactamente igual al anterior, ya comienzo a dudar que sea un sueño. ¿Estaré muerta y así es el cielo… o el infierno? Las escenas se suceden a diario una tras otra y no sé qué hacer.
De pronto algo nuevo ocurre, hay un joven que vive en las cercanías de la granja. Me está mirando y yo lo miro también en el jardín de mi (nuevo) hogar.
-Al fin te encuentro María- me dijo. Sonrío nuevamente y ya casi acostumbrada a no saber qué responder (no tengo idea quién es el muchacho). De repente me pregunto, quién será María. No recuerdo mi verdadero nombre, pero estoy segura que ese no es.
Ya es de noche, el día pasa muy rápido aquí, me estoy acostando y siento nostalgia y miedo al recordar situaciones que creo haber vivido en un pasado. El miedo es porque no sé si mis recuerdos son realmente recuerdos o tan sólo fruto de mi imaginación. Intento dormir, mas me es imposible. Doy vueltas en la cama. Por primera vez estiro mi brazo para abrir el cajón de (mi) mesita de luz. Encuentro fotos, lápices, hojas y hasta un atado de cigarrillos que esta sobre una cajita de fósforos de cera. Yo no fumo, pero dada la circunstancia voy a prender uno. Guardo todo lo que hube sacado y descubro una nota amarillenta, no tengo ganas de leer ahora, el cigarro me mareó y siento como el sueño me abraza. Mis párpados caen, los cierro y al volverlos a abrir ya es de día otra vez. Hoy estoy totalmente decidida a inspeccionar la habitación. Hay todo tipo de vestimenta y un diario íntimo además de cosas a las que no le encuentro sentido.
Sigo sin saber quién soy y cómo llegué hasta acá. El día transcurre (dentro de parámetros) lo más normal posible, y en un parpadeo ya es de noche nuevamente. Abro el cajón de la mesita de noche con el objetivo de leer la nota amarillenta, pero no sin antes encender mi cuarto cigarrillo del día (creo que me estoy volviendo viciosa). Tengo el papel entre mis manos, no creo lo que leo. Según esta nota estoy embarazada, mi padre se suicido al enterarse la noticia y mi madre se ha ido a trabajar al sur. Esa anciana resultaría ser mi “nana”. Mi madre pide que me acuerde de ella cuando nazca Isabel. Ahora recuerdo ¡ese es mi nombre!, y estoy viviendo la historia de mi madre. Quiero que todo concluya de una buena vez. Alzo mi voz lo más alto que puedo y la habitación se torna obscura, las sombras vuelven a abalanzarse sobre mí como aquella vez, la puerta se está abriendo suavemente. No alcanzo a ver nada, pero reconozco esa voz. Estoy emocionada al oír la voz de ella, me caigo de la cama.
Me levanto del piso, corro hacia mi madre, la abrazo. Fue todo tan real.